Inicio · Blog · Salud Emocional
Salud EmocionalVivir en continuo movimiento nos impide avanzar
Aunque parezca una contradicción, vivir en continuo movimiento nos impide avanzar. No pararnos a mirar dentro de nosotros nos limita. Pero el cambio es posible: solo necesita esfuerzo, humildad y honestidad.
En nuestra sociedad parece que si no estás en continuo movimiento te quedas atrás. Pero en realidad esa velocidad continua encubre un gran engaño, una falta de honestidad con nosotros mismos. No estás avanzando, solo estás obviando tus heridas para seguir adelante sin descanso. No enfrentar los problemas acabará convirtiéndose en algo que deberemos confrontar en algún momento.
Vivimos en la velocidad y el ruido
Vivimos a un ritmo frenético. Máxima velocidad y ruido constante es una combinación explosiva. Sobre todo para los que no tienen ni la más remota idea de hacia dónde van. Y ni se lo preguntan: solo siguen hacia delante, sin realmente avanzar.
Mira a tu alrededor y verás que es así. Si ese ritmo frenético fuera una enfermedad diagnosticable y tuviera un antídoto, muchos optarían por no tomarlo. Como si esta necesidad de vivir acelerados compensara algún tipo de vacío interior, algún miedo o intentara anestesiar algunas heridas del pasado.
No paran porque no quieren parar. Esquivan la pausa. Incluso cuando se enfrentan a crisis personales, de valores, afectivas o profesionales, siguen. La velocidad que han cogido hace que continúen con el mismo ritmo sin detenerse a reflexionar. Es un avance hacia delante sin freno.
De esta forma, las cosas que suceden terminan siendo solo pequeños roces colaterales. Tal vez por ello también necesitan hacer mucho ruido, interrumpir e imponer sus puntos de vista. Un poco para no escuchar a los demás y otro poco para no escuchar su propia voz interior. Son personas adictas a ocupar sus mentes con cualquier cosa. Pero todo tiene un precio.
El ruido nos impide avanzar
El ruido se convierte en un escudo que usamos para protegernos del silencio y, por ende, de nosotros mismos. Como estamos acostumbrados a priorizarnos independientemente de lo que pase alrededor, también construimos vínculos poco profundos que terminan diluyéndose sin resistencia. Vínculos que se van perdiendo en el tiempo dejándonos de nuevo solos y vacíos. Por ello, siempre estamos a la búsqueda de nuevos estímulos externos, porque así no tenemos que mirar dentro de nosotros.
Llevar ese ritmo al límite tiene un precio. Seguir siempre adelante haciendo oídos sordos y a contrarreloj, pase lo que pase. En algún momento, antes o después, obligados por el cuerpo y/o por la mente, tendrán que parar. Y entonces, a la hora del límite, muchos dirán: «¿Qué pasó? ¿Cómo llegué a esto? ¿Por qué no me di cuenta antes?»
Sanar heridas para vivir tranquilos en el presente
Necesitar continuamente ese ruido es una barrera que utilizamos para escapar de nosotros mismos y que nos impide avanzar. Lo usamos como vía para no tener que afrontar nuestras heridas. Para escondernos detrás de miedos no resueltos y hablar desde el ego.
«Esa es la última de las cosas que deseamos: conocernos a nosotros mismos. Y ese, por cierto, es el único fundamento sobre el cual podemos construir.»
— Jiddu Krishnamurti
Está claro: si lo resuelves, avanzas. Pero si huyes, se repite una y otra vez. Y continuamos corriendo y envueltos en ruido para seguir huyendo de eso que tanto nos asusta: nosotros mismos y nuestras heridas. Porque conocernos a nosotros mismos es nuestro gran temor. Pero es también el primer paso para dejar de sentir miedo y empezar a vivir sin ruido. Y avanzar realmente.
La honestidad es el primer paso para avanzar
El primer paso para avanzar es desarrollar una actitud humilde. La humildad nos permite mirarnos sin filtros para sanar esas heridas emocionales que siguen en nuestro interior. La humildad nos da la fuerza que necesitamos para cuestionarnos y crecer.
Por ello, hay que atreverse a reconocer:
- Si tienes miedo a ser tú mismo, reconócelo.
- Si sientes un vacío interior, asúmelo.
- Si no sabes bien de dónde puede venir, revísalo.
Es importante no seguir mirando hacia otro lado y escondiendo esos sentimientos. Es necesario parar y concentrarse en ello. Porque el autoengaño no es más que un déficit de honestidad. Y es lo que nos ha llevado hasta este punto. Debemos cambiar nuestra actitud y el primer paso es ser honestos con nosotros mismos. Por mucho que cueste.
La honestidad al principio puede ser dolorosa. Porque se trata de reconocer, asumir o revisar algo que venimos cargando hace quién sabe cuánto. Algo que pesa en nuestro interior aunque a veces no seamos ni conscientes de ello. La honestidad es un paso liberador que nos permite enfrentar la verdad y nos desvela quiénes somos en realidad, en esencia.
El cambio está en nuestra mano
Es momento de cambiar, de avanzar. Depende de nosotros y de tener la voluntad de hacerlo. Abandona la creencia de que sanar heridas emocionales solo beneficia a los demás. También es posible conseguirlo para ti. Y aunque requiere esfuerzo, humildad y honestidad, ni mucho menos es imposible.
Tenemos mucho de qué ocuparnos, es cierto. Pero tenemos mucho menos trabajo del que creemos. Imagínate si, además de sanar tus heridas, tuvieras que ordenarle a tu cuerpo cuántas veces debe respirar, palpitar el corazón o fabricar glóbulos rojos. Todo lo trascendente en nuestro cuerpo ocurre, simplemente. No necesita nuestra intervención.
El trabajo que te toca no es tan ingente ni imposible. Frente a eso, es difícil no encontrar la humildad para hacernos cargo de revisar ese «peso de la vida» que cargamos y que nos impide vivir plenamente. Ese pasado que nos limita en nuestro día a día por mucho que no queramos reconocerlo.
Especialista en psicoterapia corporal e integradora. Máster en psicoterapia somática en biosíntesis. Profesora internacional de psicoterapia somática.
Ver perfil completo →¿Quieres avanzar de verdad?
¿Quieres hacer más liviano tu viaje? ¿Transformar ese vacío en plenitud? ¿Bajarte de ese ritmo frenético y conectarte con tu esencia interior? En Centre Vitae estamos aquí para acompañarte. Estamos en Sabadell.